espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

Un sueño viejo 3 de octubre de 2016

Filed under: chilena en Texas,De vida,General,Vida literaria — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 6:51 PM
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El pasado fin de semana fuimos a Caddo Lake State Park, uno de los tantos parques estatales que Texas posee. Un lugar donde hay un bayou y los gordos troncos de los cipreses emergen desde las dulces aguas. Nos quedamos a dormir entre los pinos, al rumor de miles de grillos y en un reencuentro inesperado con las estrellas, que nos miraron con sus ojos brillantes desde el cielo claro y límpido del este de Texas. Un poco más allá está la frontera con Luisiana, una frontera que me atrae, pero a la que me resisto. Jamás le he pedido al Vikingo que desvíe el rumbo y me lleve al otro lado de la línea imaginaria que separa los dos estados.

Me gusta la naturaleza porque me ayuda a recordar lo que en realidad me importa. Como si las raíces de los árboles hurguetearan entre las mías propias y sacaran a la luz viejos sueños cubiertos de telarañas o de carterles de neon que yo misma he permitido les cuelguen. Los ojos asombrados de la niña Andrea se nublan de vez en cuando y es por mi culpa. Así, avanzando en uno de los senderos, oyendo el rumor del viento entre las hojas y los insectos intentando entrarme a la cabeza usando mis orejas como su túnel personal, de pronto recordé uno de mis más relevantes sueños. Yo tenía 20 años y estaba sentada en el toldo de la Universidad Católica del Norte, estudiaba periodismo y aprovechaba una de las tantas horas libres que la U. nos regaló. Pensaba en los cuentos que había estado bosquejando y si algún día serían publicados. Entonces comprendí que yo deseaba ser escritora y me vi en el futuro con mis cuentos y mis novelas y tuve la certeza de que la escritura era una parte vital de mi existir.

Creo que guardé ese sueño en algún bolsillo de mi alma, porque no lo recordé con tanta claridad sino hasta que un zancudo me pinchó la pantorrilla y me trajo de vuelta a Caddo Lake. A la fecha he parido cuatro hijos de papel y algunos retoños sueltos fueron publicados en tres antologías. Pero lo más grande fue darme cuenta de que ESCRIBIR era mi sueño. Y vino a continuación la libertad, el dejar de preocuparme por los libros vendidos, por las reseñas recibidas, porque nunca me volveré un Best Seller y qué importa -no es parte de mi sueño-, qué diantres importa, cuando un zancudo, una rama, una piedra te rasguñan la razón y te obligan a voltear la mirada y observar con calma ese sueño viejo, empolvado, cubierto de polillas, que casi dejas morir al permitir que los demás determinen el valor de la escritura para ti. El valor de la escritura para mí es escribir, es cumplir mi sueño viejo con cada teclita que pego, con cada trazo que doy con mis lapiceros, con cada idea que se forma en mi cabeza cuando corto las cebollas o lavo los platos. El valor de la escritura es el espacio donde el mundo obedece a otras leyes, el orgullo de haber escrito una bonita oración, el temple que hace falta para escuchar las historias de los personajes y plasmarlas de la mejor manera posible. Ese mundo donde importa un bledo tener mil seguidores o mil likes o comentarios con 5 estrellas, porque la necesidad de escribir va más allá de que a la gente le guste lo que escribes.

Allí a veces me caigo, en esa red construida de opiniones ajenas que ayudan a que “tu producto” se venda. Pero yo no estoy vendiendo un producto, sino escribiendo un libro, dando a luz una vida de papel en un proceso íntimo, ensimismado y precioso.

Ese era mi sueño hace 20 años y hoy, 23 años después, puedo decir con alegría que mi sueño se ha hecho realidad. Y en el caminar, nunca me proclamé escritora. Ese título tan hermoso me lo dieron los lectores y estoy muy agradecida.

 

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La raya para la suma 29 de diciembre de 2015

Filed under: chilena en Texas,General,Vida literaria — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 3:46 PM
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NOTA: AGREGUÉ UNA CORRECCIÓN AL PUNTO 16 EL 10 DE OCTUBRE DE 2016.

concursos

Amigos,

Se nos acaba el año y a todos les entra una fiebre por hacer recuentos. Confieso que al comienzo quise evitar estas conclusiones, pero finalmente se me agolparon tanto en la cabeza que aquí va mi raya para la suma:

  • Sigo siendo una escritora desconocida.
  • El año 2015 me publicaron un libro en inglés, mi primera traducción. No hubo nada de bombo ni de platillo, me hubiera gustado tener una fiestita para celebrar.
  • Fue inmensamente positivo que University of Dallas me hubiera invitado a leer de Cuentos encaderados y sirvió la traducción, porque los estudiantes -brillantes todos- siguieron la lectura en inglés. Además, un par de ellos leyó a dos voces el relato The blood and the escape, (traducción de La sangre y la huida).
  • Terminé de editar mi segunda novela Las sirenas del Atacama. En enero  comenzó la larga tarea de encontrar editorial. Fui ilustramente rechazada por Tusquets Editores, con correo electrónico personalizado y demases.También me rechazó Urano ediciones y me mandó a autopublicarla con otra empresa. Me quedé para siempre esperando la respuesta de Fondo de Cultura Económica, jamás me dijeron si sí o no. Me rechazó también Arte Público Press, de Austin, Texas; y Bilingual Press Review, de Arizona. Sin embargo, debo decir que Gary Keller, el señor editor, es de lo más educado y me contactó con el doctor en literatura Santiago Daydí-Tolson, de San Antonio, Texas, para quién terminé colaborando con unos textos en su revista Labrapalabra.
  • La novela fue aceptada por una editorial independiente que se llama Sangría y está en Nueva York. Al comienzo pareció que querían traducirla al inglés también, pero luego de una llamada telefónica con la editora, el asunto quedó en nada. Me encargaron, eso sí, que escribiera historias de mujeres inmigrantes en Texas. Como el encargo vino en verano, me tocó escribir de noche mientras los niños estaban durmiendo. Tuve muchos abortos, pero di a luz cuatro cuentos o escenas que me dejaron bastante contenta. Todavía no he recibido la respuesta de la editora, pero si les gustan, se publicarían en inglés y en español.
  • La novela también fue aceptada por la editorial independiente Ediciones Oblicuas, de Barcelona. Y yo estaba bastante contenta hasta que me dijeron que tenía que poner dinero de mi bolsillo para publicar. Ahí se acabó el amor, rechacé la oferta.
  • Finalmente, mi novela fue aceptada por una nueva editorial independiente que se llama Ediciones del Desierto y dónde está, pues en el desierto de Atacama. Me encanta el hecho de que esté ahí y si bien los correos no han sido muy frecuentes, me imagino que en algún momento el editor irá a responder las preguntas que hice sobre el contrato de publicación. Cumple uno de mis requisitos: no cobran.
  • También me quedé esperando eternamente por la respuesta de Cuarto propio, una editorial con gran reputación por su calidad literaria. Y de Ediciones B.
  • En el camino, mandé la novela a cuatro concursos. Perdí tres y en el último quedé entre siete finalistas.
  • Cuando tenía como veniticuatro años mandé el último cuento a concurso de la revista Paula. Iba por esa época al taller de Marta Blanco y una de mis compañeras ganó una mención honrosa y le publicaron su cuento. Luego ella nos dijo que era hermana de una de las editoras principales de la revista. Ese día decidí no volver a concursar, porque me desanimé mucho. Así pasaron los años y entonces apareció Rictus y Cuentos encaderados; y me atreví a concursar de nuevo. Primero con la novela nueva. Después con relatos. Aquí va el cuento de esos cuentos:
  • Concursé en 13 certámenes de Argentina, España, México, Colombia, Estados Unidos, Chile y Perú. Perdí la mayoría, pero obtuve algunos resultados positivos en cuatro de ellos. Un primer lugar por votación popular y mención honrosa por parte del jurado en Miami, Florida, Estados Unidos. Un segundo lugar en un concurso de Barcelona. Un tercer lugar en un concurso de Madrid (con el libro completo Cuentos encaderados). Y un finalista en un concurso de Colombia.
  • Con motivo del primer lugar por votación popular, me invitaron a colaborar con La Nota Latina y tengo una sección de columnas impresionistas sobre libros escritos por mujeres, que puedes encontrar aquí.
  • También me invitaron a enviar dos cuentos para participar en una futura antología que se publicará en Estados Unidos en 2016.
  • En términos de trabajo, mis clases de escritura creativa crecieron de cuatro alumnos a doce. El retiro de escritura subió también de  cuatro participantes a doce (de los cuales al final asistieron ocho, por rollos de ellos de último minuto).
  • Mi revista La vuelta al Libro salió por última vez en diciembre. Nos despedimos tristes, pero es que sin plata y sin tiempo es poco lo que se puede hacer…
  • Una de las genialidades del año 2015 fue que recibí una invitación para participar como Autora Invitada a FILZIC 2016, la feria internacional del libro que se realiza en mi ciudad natal. Y otra genialidad es que gracias a los contactos de uno de mis alumnos, un empresario mexicano, Juan Miguel López de MITO Financial, ofreció patrocinarme para viajar. ¡Bailes de celebración!
  • CORRECCIÓN A ESTE PUNTO ANTERIOR:  Sí, me invitaron a FILZIC 2016 y pude asistir. PERO NO con la ayuda de este señor Juan Miguel López, porque resultó que luego de que él me ofreciera comprarme el boleto (octubre de 2015), se desapareció del mapa. Lo llamé muchas veces, le dejé mensajes, le escribí correos hasta que asumí que él había cambiado de opinión, más o menos por enero de 2016 y dejé de insistir. Por febrero de 2016, la prensa y el consulado de México en Dallas publicaron reclamos en contra de su persona y se armó una gran batalla entre quiénes lo acusan de haberles estafado y quiénes lo defienden a brazo partido. A la fecha, nunca volví a saber de él y no sé en qué quedó tan lamentable asunto. Pude asistir a FILZIC por la ayuda de mis amigos y benefactores que me enviaron cheques de apoyo a casa o colaboraron en campañas de recolección de fondos por internet. A ellos les estaré siempre agradecida:
    • CLARA BORJA HINOJOSA.
    • REBECA ILLESCAS.
    • DANIEL BELTRAN Y SU GRUPO ALIANZA HISPANA.
    • NOEMI MECHALI.
    • JACOBO LUNA.
    • LETTIE RAMÍREZ.
    • MS. SANDY MCDERMOTT.
    • MIKE GAROWSNKI.
    • KRISTHA ARCHILA-GIRI.
    • LUCÍA GONZÁLEZ.
    • ESTHELA GONZÁLEZ.
    • 3 DONANTES ANÓNIMOS.
    • KYHL AMOSSON, EL VIKINGO.
  • Y ya para que vayamos haciendo la suma, en agosto se me ocurrió crear un grupo de escritores y poetas, nos llamamos La farmacia de la Ñ, nos juntamos una vez por mes y desde octubre que estamos haciendo lecturas públicas en el área de Dallas. Con ello por fin logré que me entrevistaran para El Heraldo News, El Hispano y Al Día (del Dallas Morning News), medios a los que he estado llamando por dos años para ver si les interesa algo de lo que yo hago. Pues ahí está…
  • Para cerrar, quiero hablar de Ley y sus libros. Un día cualquier me llegó un mensaje que venía de ella, diciendo que era Vloguera y yo, ¿qué es eso? Vaya, al parecer soy muy antigua. Ella graba videos y los pone en Youtube, sobre libros que lee. Quería leer Cuentos encaderados, así es que le pedí a mi editora que le mandara una copia y hace un par de semanas ella subió el video con su comentario. Veálo aquí.
  • Y la última colita de información: tal vez el año 2016 será el año en que tenga agente literario. Existe una mujer inteligente y tenaz, llamada Paula Lisboa, con quién hemos estado conversando sobre el tema… ya veremos…

Que tengan un año bravo, lleno de energía y de proyectos. ¡Pucha que cuestan las cosas! Pero a seguir, no hay de otra.

Abrazos por montones,

Andrea

 

La isla de la niña que está completa 17 de septiembre de 2015

Nubes Ticas

Hay días en que me siento una isla donde no hay palmeras, ni siquiera hay agua. Nada más un pedazo de tierra reseco que insiste en autoproclamarse isla, llamarse de alguna manera para no desaparecer en el olvido, para seguir siendo un puntito brillante en la conexión de alguien. Siempre he luchado por ser otra, por peinarme al medio y recortarme las chasquillas, ignorando que llevo una leona escondida adentro, con una melena salvaje en vez de espíritu; siempre intentando romper las anclas de los zapatos de tacón y la carterita a juego. ¿Por qué no me he permitido desplegar alas? No quiero entrar en el laberinto del machismo, pero me imagino que algo tendrá que ver el hecho de ser chilena y haber nacido poquito antes de la dictadura. De crecer en un pueblo pequeño donde todo lo que hacíamos, bueno o malo, se inflaba a grandes proporciones como un buen pastel. Donde la vez que me atreví a romper algo que parecía una regla implícita: besar a mi primer –o segundo, no recuerdo- novio en la piscina pública, a vista y paciencia de todos, terminó en una odisea de rumores y comentarios y de pronto la niña buena que yo había sido se convertía en la puta suelta de calzones baratos, ¡a apedrearla! ¿Y por qué dejé que aquello me afectara? Nunca más quise volver a ver al noviecito de nariz respingada. Es más, a partir de entonces, aun amando las narices perfiladas, me lancé a los brazos de cuanto narigón se apareció en mi camino. ¿Quién he sido? Me pregunto hoy y no me gusta mucho la respuesta. Tengo la intuición de que he sido la mejor versión de lo que mis padres querían que fuera. Y han querido que yo fuese la mejor y lo han hecho todo con amor –incluso desaparecer en mis momentos más difíciles, padre, eso va para ti-. También he sido lo que se supone que ha de ser una buena dueña de casa, una esposa ejemplar, la que trata de depilarse de vez en cuando, siendo que en realidad no quiere más que andar peluda y descalza por la vida. Así aprendí a guisar para el amor de mi vida –sí, tuve la suerte de encontrar ese ser maravilloso, extraordinario, que estaba reservado sólo para mí desde tiempos inmemoriales, una tarde de primavera en mi lejano país-. Él ama lo que cocino, incluso si lo cocino de mala gana. Así también me las ingenié para ser la mejor mamá de estos niñitos que Dios me regaló, sea como fuera que llegaran a mi vida, aquí estoy y aquí lucho por ellos. Negándome muchas veces la locura y la niña propia. Es cierto que tampoco he crecido y soy de las más inmaduras, pero he estado llevando un teatro más o menos coherente donde la gente cree que soy profesional, competente y que hablo bonito. Pero me he realizado. Sí, realizada con la maternidad, con los guisos para el marido–amante, los besos para los niños adoloridos. La realización estaba escondida en una cajita marcada con la etiqueta “vida doméstica”. Sigo tratando de ser buena hija, de cuidar de mi madre y tenerle paciencia a su personalidad virgo que nunca se decide. Y en aceptar que mi padre es un satélite a quién veo algunas veces, en noches claras sin luna, atravesando el firmamento de vida, con una cola larga que lleva en su velo los recuerdos de una infancia bonita, una adolescencia un tanto trabada y lo poco que él ha podido ver de una adulta plena. Porque eso sí, soy adulta y estoy plena, en mi isla, en mi terruño seco, plagada de grietas, con una bonita y redonda panza que no sirve para nada más que para acumular más cerveza. Pero con el gran deseo de dejar de pensar que soy obsesiva cuando escucho voces o veo imágenes o una mujer de cabello rojo y un gran tatuaje en el brazo derecho se me quedan clavados en la retina por semanas, hasta que se transforman en un personaje. En dejar de sentirme mal porque la gente me juzga de buenas a primeras. En seguir escribiendo así como lo hago, cuando quiero y dándole con toda el alma al tema que para mí es importante. Porque quiero ser esta mujer, que es una isla sin palmeras y sin agua. Y mamá al mismo tiempo, agotadísima y feliz porque significo más allá de mi propio ombligo. Habrá muchas escritoras, pero sólo una mamá que se llama Andrea, que es una isla seca y robusta, para mis niños. Lo mismo valga para el vikingo, mi gran amor, que con sabiduría sospechosamente ancestral me ha aceptado antes de que yo me aceptara a mí misma. Y seguiremos cociendo guisos y seguiremos hilando historias y vendando rodillas y besando las mejillas. Así seguiré, porque puedo ser esta y puedo ser todas, siempre y cuando yo me lo permita.

 

Dándole una voz … ¡a mí! 6 de noviembre de 2014

Filed under: chilena en Texas,fixiones,General,Vida literaria — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 11:38 AM

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La semana pasada me ocurrió algo fascinante. De pronto me encontraba en un gran auditórium, donde había una sub decana simpatiquísima, lista para entrevistarme y una audiencia lista para escucharme. Parecía un sueño, un sueño que una vez un antiguo amigo me dijo que todos los autores tenían: ser invitados a una universidad para compartir sus escritos.

“Si esto me parece un sueño”, pensé, “es porque mi amigo tenía razón”. Un sueño que de pronto se hacía realidad para esta mujer, nacida en el desierto de Atacama y llevada por los vientos del sur a otros escenarios.

Después de una amena conversación con la sub decana, fue el momento de escuchar preguntas del público. Me conmovieron aquellas que tenían que ver con la búsqueda de una identidad propia, del reconocer el riesgo de “perderse” entre tanto ruido y tanto estímulo. Y hubo una pregunta que me dejó pensando y pasaron los días, hasta que creo que di con la respuesta. Si pudiera conversar con el agudo alumno que la hizo, le diría que gracias por haberme dado la oportunidad de reflexionar sobre este punto: “dándole una voz a los que no la tienen”. 

Pues la verdad, muchacho de camisa celeste, es que cuando escribí la novela Rictus no tenía voz. La había perdido entre mudanza de países y entre cambios de estado de la soltería al matrimonio. La había perdido al dejar de ocuparme como periodista e intentar cocinar el arroz de manera infructuosa. A través de la escritura creo que la recuperé, la voz perdida, escondida detrás de los discursos de que una mujer profesional debe trabajar siempre y jamás, jamás, colgar los títulos por atender a su familia. Y la voz que encontré, entre tanta búsqueda y tanto reproche, era la mía.

“¿Ya tenía una voz establecida cuando intentaba darle voz a quienes no la tenían?” más o menos rezaba la pregunta, sobre Cuentos encaderados. Y la respuesta apropiada sería: no, no tenía una voz establecida, porque entre quienes yo estaba intentando dar voz, también me encontraba yo, en ese nuevo rol de ser madre y ser esposa y ser dueña de casa y de depender en absoluto de un otro, que por suerte resultó ser bueno y no abusó de ese poder que adquiría. 

Esa es la respuesta que le daría, si pudiera volver atrás el tiempo y él preguntara otra vez. Confío en que mi respuesta actual de alguna manera le llegará, porque esa es una de las cualidades, de la magia de la escritura: el transportar voces a lo largo del tiempo y del espacio, el hacernos oír lo que sentía tal o cual persona, en tal o cual día de su vida.

Agradezco una vez más a la universidad Eastfield College, por la invitación a Hispanic Heritage Month, por la experiencia, por el sueño que se vuelve realidad, por el tiempo compartido y el espacio para compartir. Por permitirme vocear la intención de mis escritos.

 

Idioma y extrañamiento 16 de enero de 2013

Filed under: chilena en Texas,De vida,General — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 8:54 AM

En Estocolmo, Suecia

Ayer fui al correo, sola por primera vez. Tú me dirás, ¿qué tiene eso de especial? Y yo te responderé, entonces te darás cuenta de que algo tan trivial como ir al correo y enviar una carta puede ser un gran desafío cuando eres extranjero.

Necesitaba con urgencia enviar correspondencia a otra ciudad en Texas. K está de viaje y volverá en dos semanas. Tenía el documento en mis manos, lo revisaba de manera constante, lo recorría con mis dedos y me aproximaba a la puerta de salida. Cuando sentía el frío metálico de la manilla, paraba en seco. ¿Y si estaba en la ventanilla aquella señora que sólo habla inglés? La idea me inmovilizaba. Entonces dejaba la carta sobre la mesa, me alejaba de ella como si fuera un objeto encantado.

Cuando la gente – si es que la gente – piensa en mí, creo que ve a una mujer con una vida de aventuras, de paisajes exóticos, de innumerables anécdotas para compartir. Pero en realidad es una vida en que cada tarea es un esfuerzo; desde la más pequeña, como ir a la oficina de correos, hasta la más grande, visitar un banco.

En el momento en que dejé mi país, también dije adiós a mi lengua. No sólo me separé de mis personas amadas, sino también del idioma que conoce mi corazón.

No ha sido una sino varias veces en las que un dependiente que no habla español, me mira como diciéndome “¿eres estúpida?”  Por la simple razón de que en ese momento, ya sea por nerviosismo o cansancio, no logro dar con la palabra adecuada.

Éste será mi octavo año fuera de Chile y debo confesar que todavía hay ocasiones en que quisiera que todo el mundo fuera hispanoparlante; y yo no tuviera que sentir ese agudo dolor entre las cejas antes de dormir, porque he tenido que operar en un segundo idioma.

Al mismo tiempo, luego de ocho años aprendes a convivir con el agujero que la distancia va cavando en tu alma, muy lento, muy silencioso, pero terriblemente profundo.

En realidad deseo que tiremos anclas y podamos crecer algas. Que no debamos repetir el triste momento de despedirnos de nuestros amigos cuando la recalada llega a su fin. Que podamos decir “hoy almorzaré con Juanita” y que sea sin vislumbrar la despedida. Que llegue el instante en que ir al correo no sea un gran evento.

Porque ayer esta carta tenía que irse con urgencia al norte de Texas. K está de viaje. Y probablemente la señora que sólo habla inglés estaría en la ventanilla. Pero ya había aplazado durante cuatro días el envío de la correspondencia y no podía esperar más.

Recogí el papel, las llaves del auto, mi billetera, el teléfono móvil y antes de tocar la perilla, me puse guantes. Para evitar su frío metálico y el consecuente hechizo contra mi voluntad.

Me subí al auto y partí, tarareando “Si vas para Chile”…

 

Enferma 8 de noviembre de 2012

Filed under: chilena en Texas,De vida,General,Vida literaria — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 11:51 AM

Yo debo estar enferma porque de pronto todo lo que me parecía atractivo, me da lo mismo. Esas botas puntiagudas que tanto anhelaba, me parecen ahora zancos sin sentido. Las decoraciones navideñas, los pasillos colmados de muñecos de nieve, cascanueces y ángeles, me resultan desteñidos, rosados y verde nilo. Debo estar enferma porque el consumismo que movía mis motores de pronto ha dejado de impulsarme. Porque el entusiasmo de recibir un catálogo de productos nuevos ha levantado vuelo. Tal vez ha emigrado al sur, en compañía de los patitos que habitaban el lago de mi vecindario.

Debo estar enferma porque he perdido algo. He perdido la alegría de mirar vitrinas. De probarme vestidos. De calzarme sandalias.

Debo estar enferma porque al fin logré ahorrar cincuenta dólares y no sé en qué gastarlos.

Porque todo me parece vano, ahora. Y ni siquiera valoro el esfuerzo de haber reunido cincuenta dólares.

Entonces, claro, me enfermé de algo que contraje en Chile. Es muy posible que arriba de nuestras cabezas ocupadas con Facebook y Twitter, volara algún mosquito de mente amplia. Debe ser que me contagié de algo. Y espero que ese algo haya sido la mente amplia del mosquito.

Y espero que ya no me importen otra vez las liquidaciones antes y después del Día de Acción de Gracias. Que no recorte yo cupones de descuentos. Que no planifique salir de mi casa para visitar tres tiendas. Que sienta calidez al diseñar collares y armarlos yo misma, con estas mismas manos artríticas.

Ese mosquito de mente amplia tiene sangre chilena. Esa sangre que te dice, por sobre el “Dos por Uno” y el “Compre ahora y pague en Marzo”, que hay cosas que el dinero no paga. Que las amistades reales no se compran ni se venden. Que la familia es importante, unida o peleada, es familia igual. Que no hay hombres islas. Que somos todos parte de una cadena y que mis acciones siempre tendrá una consecuencia en el otro.

Este mosquito también estaba enfermo de tolerancia y de compasión. Este mosquito entendió que había gente a la que le dolían sus éxitos. Esto de ir por la vida libre, picando e infectando, a algunos no le gustaba. El mosquito entendió que el sudor de volar millones de kilómetros con alas diminutas y frágiles, no es de conocimiento popular. Que cada vez que vuela, se rasga y sangra y se agota y en gran medida muere, es una realidad que sólo lo más cercanos saben.

El mosquito que me contagió también es humilde y entiende que no le han regalado nada. Que todo se lo ha ganado a fuerza de trabajo duro, lagrimones y dolores de cuerpo.

Sí, estoy segura que me contagié de algo mientras estaba en Chile. Y que ese algo lo contrabandié a este lugar, mi nueva tierra que corre detrás de las ofertas y el dinero. El mosquito me pasó una suerte de inmunidad al deseo de cosas materiales y me ha hecho agradecer lo más valioso y recóndito. Hace tiempo ya un pequeño niño lo dijo muy bien y es probable que a ese niño también lo hubiera picado algo, como una serpiente…”Lo esencial es invisible a los ojos”.

Estoy desnuda y me siento libre. No porto etiquetas, ni prestadas ni autoimpuestas. Tengo una nueva enfermedad y me gusta. La estoy disfrutando. Escribo a pesar del dolor de nudillos. Escribo a pesar de tu dolor porque es mi manera de acarrear con el mío propio. No escribo para insultarte ni para que te sientas miserable. Ojalá este mismo mosquito te infecte porque te hará bien, como creo que me ha hecho a mí. El mosquito liberador.

Todavía tengo historias que contar y de a poco irán saliendo. Ahora que la necesidad de pasarme el tiempo libre mirando vitrinas finalmente me ha dejado.

Me enfermé y lo estoy disfrutando.

 

Agosto productivo 21 de agosto de 2012

Algunas cosas pasaron durante agosto, que valen la pena compartir:

  • No me morí. Ni de frío chileno ni de calor texano.
  • Al parecer encontramos la solución temporal para mi artritis: guantes de boxeo. Cada noche debo dormir con un par de guantes para el síndrome del túnel carpiano… -¡hubiera preferido tener el tunel benedettiano!- que impide doblar los dedos. Y voila, mis manos están mucho mejor. Tanto es así que he logrado escribir 10 páginas nuevas de una historia sobre el bullying que sufrí cuando tenía once años.
  • La Revista de Libros de El Mercurio, Chile, se fijó en mi libro: Gracias a las gestiones de Juan Chapple e Ingrid Medel (www.axxiona.com), el crítico literario José Promis leyó mi novela y se tomó el tiempo de comentarla. Más abajo adjunto una copia de la misma. El señor Promis es un respetado crítico literario. Por eso, el tratar de “tontuela” a una de los personajes le queda de lo más bien a él. (Por lo demás, somos dos, la tontuela que escribió y la otra que quedó fijada para siempre en el papel). Sin embargo, es una buenísima crítica con muchos elogios a la pluma de esta servidora.
  • La Revista chilena de política y economía, Ercilla, también publicó una reseña sobre Rictus: El profesional de las letras Aníbal Ahumada fue quien leyó mis líneas. Se ve que tuvo que montarse en un ejército de elefantes para entrarle al texto, pero estoy agradecida porque es una excelente crítica. También agrego una copia al final de esta entrada.
  • Para terminar, estoy debatiendo entre tomar el calendario Maya para regir mi vida o seguir con el Gregoriano… Ya les avisaré.

Abrazos y felicidades a todos 🙂

La Revista Ercilla también publicó una reseña sobre Rictus.

José Promis, destacado crítico literario, reseñó Rictus durante agosto.