espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

Librándonos del miedo al rechazo 5 de octubre de 2013

Filed under: General — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 10:39 AM
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Si miras bien, si levantas cada piedra, encontrarás un buen consejo incluso en la última edición de la revista Glamour. Me ocurrió esta mañana, mientras mataba el tiempo hojeando la revista. Pensaba en cuánta gente estaría en el mall, en ese mismo momento, comprando las botas de $1,200 dólares que vienen en esta temporada. 

Pero allí, entre todo aquello externo, mezclado con los adornos que sirven para acallar nuestras inseguridades, había un artículo sobre las mujeres y el no.

En resumen, lo que plateaba la escritora es que nosotras tomamos las derrotas profesionales de manera personal; se nos queda pegado en la memoria el momento en que la jefa (que debe ser gorda, fea y mala 😉 nos reclamó por algo mal hecho; que si algo falla, dejamos de intentar.

Tuve que estar de acuerdo con el artículo. Hubo un tiempo en que yo fui así. Eso fue antes de que me creciera el bigote. Antes de las hormonas desbalanceadas, con tendencia a la masculinidad. Ahora, que llevo un poco extra de testosterona, me importa un reverendo bledo que alguien me diga que voy a fracasar. He visto, durante estos cuarenta años, qué tan fácil es destrozarle la moral al vecino. He sido testigo de comentarios mal intencionados, de críticas a peinados, vestidos, informes, crónicas periodísticas, ideas de negocios, suma y sigue. El punto de esos comentarios es, generalmente, solo incomodar. No ayudan ni sugieren soluciones.

Recuerdo reuniones que realicé mientras vivía en Chile. Allí estaba yo, tendría unos 26 años e intentaba ofrecer servicios periodísticos para sitios web e intranets, entre otras cosas. Y en esas reuniones había dos o tres personas bien instaladas en sus cargos corporativos, ajenas a mi realidad de tener una empresa compuesta por una sola persona, sin una cuenta corriente en el banco o tarjeta de crédito y con la única reputación de mis ganas de hacerlo bien.

Confieso que hubiera renunciado a ese proyecto porque al cabo de las cinco primeras negativas, las dudas me atacaron, ¿había sido buena idea abandonar el puesto bien pagado y estable en el departamento de comunicaciones de la segunda multitienda más grande del país? Ahora sé que sí. En aquel entonces, las cuentas acumuladas sin pagar gritaban lo contrario.

Hasta que lo conocí a él. El viejito de ojos azules.

Llegué a él por un contacto de mi padre. Ellos habían trabajado hace años y habían permanecido amigos. 

Él era empresario, igual que yo. La diferencia, él ya estaba establecido y su clientela era de la gran minería.

– Hijita – me dijo desde sus ojos marítimos y lentes gruesos para leer – yo empecé igual que usted. Escuche bien. Cuando le digan que no, recién empieza su trabajo.

Sus palabras calaron en mí. A partir de entonces, llamé con más insistencia a las empresas que podrían necesitar mis servicios. Y todavía más a las que no los necesitaban. Organicé reuniones para explicar mis propuestas, sólo para ser objetada. Pero las palabras del empresario me habían cambiado: “Cuando le digan que no, recién empieza su trabajo”. Seguí adelante. Cada vez menos herida por los rechazos. Entendí que eran parte del negocio.

Hasta que la perseverancia pagó. Era una mañana cálida de otoño y tenía al frente a una mujer inteligentísima, Rosita Iñiguez, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Le expliqué todos los servicios que “ofrecíamos” (sí, era necesario aparentar tamaño en esa época) y ella se interesó. Así nació mi primer servicio a medida: una asesoría comunicacional para un sitio web. Y, como por arte de magia, lo sitios web ya no eran reservados a diseñadores gráficos o ingenieros informáticos. De pronto los comunicadores teníamos mucho que aportar.

¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera tenido esa breve conversación con el viejito ojos de Frank Sinatra? Que, dicho sea de paso, no me compró ningún servicio periodístico…Creo que esa primera empresa que tuve, Triba Net, hubiera nacido muerta. Y esta otra que recién empieza, Atacama Press, jamás hubiera visto la luz.

¿Quién te dice que no puedes? ¿Les estás escuchando?

A cerrar los oídos y abrir el corazón. Sí, dije corazón. No necesitamos ser hombres para ser exitosas. Basta con desoír los comentarios sin asunto, aprender de los que sí aportan y seguir adelante. Cada día, después de cada obstáculo. 

Pienso en mi tía querida y en su enfermedad. Ella, tenlo por seguro, está viviendo su vida al máximo. Y nosotros, que creemos tener más tiempo, ¿qué estamos esperando?

Lo peor que nos puede pasar, es que aprendamos muchísimo. 

Imagen

No importa donde comiences, el tema es que termines. En este escritorio que compré en la calle y pinté a mano, terminé mi novela Rictus.

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One Response to “Librándonos del miedo al rechazo”

  1. Luisa Says:

    Excelente la reflexión.


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