espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

Planicies de Texas 8 de enero de 2011

Filed under: General — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 4:23 AM

Lo que primero nos extrañó, al despertar aquí, fue el silencio… más que silencio, el rumor. No de pájaros ni el viento alisio contra mi ventana, tampoco las palmeras batiéndose con su gracias de pelos-ramas agitadas. Este rumor es un concierto bajo de motores, millones de ellos rodando por las millones de carreteras de Dallas. Y como es Texas, todo es grande.

Recuerdo una tarde en que miraba por ultima vez los cerros de Escazú y pensaba que, por sobre la locura del tráfico y la arquitectura inorgánica de sus avenidas, estaba aquello hermoso, verde, vibrante, activo, que no había sido aun tocado por el hombre. Era la naturaleza sin McDonalds ni malls ni lancha-automoviles. Eramos ella y yo. De fondo, las nubes más bellas que he visto jamás.

Supe, en ese momento, que sería a ella a quien más extrañaría.

Todo cambio trae un golpe. Despues de tanta transhumancia lo sé. No me quejo. Es parte de la vida nómada. La parte en que la banca gana y se lleva algunas de tus fichas, no todas. De todas las veces que apuestas, la mayoría pierdes. Y está bien. Es la vida que hemos elegido, porque de esa ínfimas ocasiones en que ganas, es a pleno y viene todo multiplicado por 36.

He vuelto a perder mi idioma, aquí, en las planicies de Texas. He vuelto a sentir reprobación cuando no puedo hilar una frase en inglés, al cabo de 1 segundo. He vuelto a pensar que en Chile, cuando un gringo habla español aunque mal, le aplauden y aquí, cuando una latina despeinada habla un inglés atarzanado, le miran como idiota. ¿Cómo se le ocurre inmigrar si ni siquiera habla nuestro idioma?, siento que dicen. Pero no me importa. Un bledo, eso me importa. Porque cuando pierdo mi idioma, siento que gano en identidad. Me vuelvo más latina, más chilena, más mujer, más exploradora, más valiente y más sesuda, por el sólo hecho de volver a funcionar en una lengua distinta a la propia. Con esto se recupera la cuarta dimensión y todo vuelve a surgir frente a mí en dos gramáticas diferentes, dos maneras de pensar, dos formar de vivir.

De esta mezcla, que ha sido mi vida los últimos años, surgen las historias que cuento cuando no hay nada bueno en la tv o en el cine o llueve a cantaros o se ha escapado un oso polar. Todo alimenta la tierra de esta mujer árbol desarraigada del Atacama. Y así, se suma y se sigue, se cuentan fichas. Y antes de terminar con un barril en vez de ropa, antes de perder el millón de dólares, se toma maleta y se vuelve a partir.

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2 Responses to “Planicies de Texas”

  1. espejuelo Says:

    Muy bueno Andrea


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