espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

Pan fresco, Rivera Letelier 6 de agosto de 2010

Filed under: General,pingüina en Costa Rica — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 4:45 AM
Tags: , , ,

Como el pan batido, calientito y recién horneado, me parece ahora Hernán Rivera Letelier. Pan, pero no cualquiera, sino el de la pulpería de mi Pedro de Valdivia. Reencontrarme con él acá, en Costa Rica, me parece un espejismo. Entre el vapor de las lluvias tropicales y ese aroma a desierto que el escritor tiene pegado a la piel, me asomo para escucharlo, a miles de años de esa primera novela que escribió, “La Reina Isabel cantaba rancheras” y a los pies de su última obra “El arte de la resurrección”, ganadora del premio Alfaguara de novela 2010.

Y él sigue igual, crujiente y tibio, desmigajándose entre una anécdota y otra. De pronto allí, rodeado de cien ticos, me reencuentro con mi propia tierra y me vuelvo áspera de Atacama. “Es un pampino”, digo yo. “Y tú también”, me responde esa vocecita que insisto en acallar, que vive detrás de mi oreja.

Rivera Letelier conserva su acento y su rapidez, la “viveza del chileno”, decimos. Y yo, pasada por agua, extraviada, buscando un lugar a donde pertenecer. Algo afuera, una respuesta segura al “¿de dónde eres?” Por años pensé que mi identidad era mi idioma. Ahora veo que no. Que aún rodeada del español, sigo siendo la pieza que hay que meter a golpes.

Rivera Letelier, en cambio, lo tiene todo claro. Incluso le imagino un tatuaje. Una rosa de los vientos en la frente, con el Norte como único signo geográfico. El no necesita más. Me emociona oírlo hablar de la caza de remolinos. ¿Cuántos nos metimos al centro de uno? ¿Cuántos nos escondimos de ellos sabiendo que venía el diablo adentro?

De vez en cuando el desierto produce seres excepcionales. Este escritor es uno de ellos. Con 11 novelas publicadas, muchas de ellas premiadas, recién está a mitad de camino. No pretende teorizar sobre la literatura. Sólo quiere hacerla. No tiene un plan, no sabe para dónde va. Sin embargo, no se mueve. Puedes encontrarlo en el café de la calle Prat, en Antofagasta, Chile, cualquier día. No necesita norte porque él es norte. No necesita desierto, porque dice ser el desierto. Ahí se equivoca, eso sí, porque el Atacama soy yo.

Cuando lo entrevisté hace más de 15 años, en la plaza de Pedro de Valdivia, me dijo que quería ser el mejor escritor de la Pampa. “Lo conseguiste”, le dije hoy. Se sorprendió de encontrar otra pedrina, allí, en el salón del Instituto de México de Costa Rica, en una tarde de tormenta en que presentarían su libro ganador. ¿Por qué fui a esta presentación y no a otra? Creo, a ratos, que necesitaba mirarme en un espejo.

Vi mucho de mí, en él. La infancia feliz en el patio de juegos más vasto del mundo. Pero también hubo porciones de mi rostro donde no me dio la luz, donde su nariz y la mía no seguían la misma línea, donde yo tomé un avión sin vuelta y él decidió instalarse para siempre entre la cordillera de la Costa y el océano Pacífico.

Muchas dudas aún y un libro de más de 200 páginas por leer. Eso tengo ahora. Y una dedicatoria de pampino a pampina. Creo que leer este libro y pensar en Rivera Letelier será una exploración de mi propia identidad, esta nueva, que se conforma a partir del verde de Costa Rica, la historia cansada de Europa oriental; y, por sobre todo, del café rojo del Atacama.

Gracias, Hernán, por la rebanada de familiaridad en medio de mi extrañamiento.

Anuncios
 

5 Responses to “Pan fresco, Rivera Letelier”

  1. Anónimo Says:

    Algunos encuentros nos obligan a mirarnos y entender quiénes somos y para dónde vamos, una y otra vez. ¡Qué buen post!

  2. Helena Says:

    Nadie sabe que todavía existen lugares así, en medio del desierto y con gente viviendo allí. Gracias por traer un poco del desierto a mi vida.

  3. Yo soy más bien huaso ladino, como me decía el Tuto Ramos, pero tú relato de encuentro con Hernán Rivera Letelier, me conmovió enormemente, -me estoy poniendo viejo-, quizás porque fuimos muchos los que tuvimos la gran oportunidad de entrevistarlo en esa época como estudiantes, y sentir esa surte de chovinismo y orgullo por sus logros, tan suyos. Por lo inclaudicable de su condición desde la que nace su literatura, de manera muy honesta. Ello te hace reflexionar en el quién soy, y en el paisaje propio, más allá de la patriotismo de estos días.
    Un abrazo fuerte a la distancia a su patria interior, amarilla y soleada. me imagino.

    Desde la tierra huasa

    • espejuelo Says:

      ¡Rodrigo!
      Tu comentario me emocionó a mí. También estoy bordeando la cuarta década. Qué lindo eso de la patria interior, soleada y amarilla. No sabes cómo me sentí identificada con eso.
      Abrazos desde el verde tico.

  4. norma Says:

    Realmente, cada pedazo de escritura tuya que logro leer, me deja realmente sin que decir, sólo me digo bien, bien, bien.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s