espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

Chilena en Spa III 6 de febrero de 2009

Filed under: chilena en belgrado,De vida,fixiones — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 2:42 PM

Del otro lado.

Ese día salió el sol y ella se preparó con el ritual largo, como le gustaba hacer al menos una vez por semana, para salir. Era un día para peinarse muy lento, anotar el largo del cabello, contar las pestañas, calcular el peso de su alma. Al cabo de media hora estaba lista, se puso la chaqueta gris y bajó rápido las escaleras, como si de pronto recordara que aún era la mitad del invierno y ese sol que había aparecido a saludar pudiera escaparse. Bajó la cuesta de siempre pero esta vez contenta. Iba a aprovechar el regalo de su maravilloso K, cuatro horas en un centro de relajación. Pensó en los tratamientos de belleza, en los masajes, en la hidroterapia, en la mente en blanco. En cómo dejar la mente en blanco. Tomó un taxi tres cuadras más abajo y se dejó llevar por el tráfico loco de Belgrado que, en ese día, con ese sol, no la tocaba.
Ya en el spa la invitaron a ponerse su traje de baño y meterse a la piscina multicolores que ellos llamaban hidroterapia. Al contacto con el agua, sintió como se le diluían las ideas, mientras el cuerpo acuático renacía. Se sintió flotar, recordó el mar frente a su casa, allá lejos, al otro lado del océano y quiso estar allí. A ojos cerrados recorrió esos miles de kilómetros que la separan, cada día, de lo familiar. Hasta que llegó a esa zona en que no había nada, ni olas, ni sonidos, ni burbujas, ni spa, ni Belgrado. Entonces oyó un murmullo que venía de muy adentro y no lo combatió, lo dejó crecer, expandirse, licuarse entre sus dedos, salirse por las uñas. ¿Qué era eso? Una canción. K le había dicho, minutos, horas atrás, “olvídate de todo”. Una canción. ¿Incluso de ti, K? Una canción. ¿Y de los buenos modales? Una canción. ¿Y de las sesenta y ocho pestañas que tengo hoy? Una canción, líquida, ondulada. De pronto áspera, total.
De vuelta a esta otra orilla, al ruido de Belgrado, a la realidad elegida, a los gritos en idiomas desconocidos. Una canción, la canción de la ciudad.

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