espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

¿De qué hablar ahora? 22 de febrero de 2008

Filed under: Belgrado,De vida,General — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 4:02 PM

Mira, es que me ha entrado la duda, porque no sé si irme por la realidad inmediata, Belgrado y todas las manifestaciones. O devolverme a Tailandia y hablarte de ese viaje en Tuk Tuk que fue impresionante, por lo rápido; porque el chófer aceleraba todavía más si yo aplaudía; porque nos tragábamos el humo de los otros vehículos; porque cuando el Tuk Tuk giraba, una de las ruedas se elevaba del suelo, así por segundos, hasta hacer contacto otra vez. O porque adelantábamos justo cuando venía un bus o un camión en frente. O porque casi rozábamos los espejos de otros autos u otras motos. O porque creímos que éramos dos pasajeros, K y yo; pero no, éramos tres, nosotros más la cucharacha.

O hablarte de Belgrado y de lo resentidos que están todos, porque se sienten traicionados y pagando eternamente las deudas del dictador Milosevic. Y contarte que tenemos que hablar en español siempre porque a los serbios le gustan los latinos. Así, en vez de mirarnos con desconfianza, nos sonríen. Pero si a K se le escapa apenas una frase en inglés, volvemos a ser los enemigos. Quizás mencionar que les duele en el alma que Kosovo pretenda independizarse, porque sienten que allí nació Serbia hace cientos de años. Y no les vale resolución alguna, ni OTAN, ni ONU ni EU, porque el vacío histórico que traen dentro les impide entregarse. No se rinden.
Belgrado, con sus edificios viejos, opacos, grises. O de la gente, alegre a pesar de todo. Avidas de una sonrisa. Tratando de vivir normalmente, comprar el burek, el ajvar, el pita. Seguir adelante con la profunda desazón, el sentido de orfandad, buscando algún aliado en Rusia o incluso España.

O regresar a Bangkok y a sus jugos de zahanoria natural o a las cocinerías en la calle y a las frutas exóticas, de todos colores, sabores y densidades. Y del comercio infinito, todo está en venta, gatos, perros, sandalias, gente, todo. O mencionar la piel del elefante, que es dura, áspera y con pelos que pinchan como alambres. O la serpiente que nos salió al paso, cuando pensábamos que era una lagartija y yo trataba de tomarle la cola. O del atardecer anaranjado sobre el esmog de la ciudad, del río de plantas flotantes y cáscaras de plátano, de los templos budistas altísimos, decorados con flores de cerámica, de escalones minúsculos.

Dime tú, ¿de qué quieres que te hable?

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