espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

El primer shock cultural 18 de noviembre de 2007

Filed under: General — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 9:34 PM

Thursday, Aug 17, 2006

Tenia que ser verdad…no podía yo caminar por estas calles y sentir que no había, en realidad, ningún cambio en mi vida. Pero en vez de llegar por la vía del desconocimiento, del lenguaje o de la comida, mi primer shock cultural ha venido por los decibeles.

El murmullo tan propio de los chilenos es acá un dulce recuerdo.

La gente de los Balcanes es ruidosa. Sí, se juegan la vida cada día en hablar fuerte. Y el que más, MEJOR. Día y noche. Los oyes donde quiera que estés. Incluso desde la comodidad de tu sofá, cuando intentas ver una película en la televisión, sus voces se sobreponen a estas otras que viven encerradas en la pantalla. Los oyes. Cómo sea. Dónde sea. A la hora que sea.

Y eso te trae, a la larga, una cansancio que ni siquiera el más agitado Santiago de viernes por la tarde puede superar.

Ayer tuve mi primer colapso.

En búsqueda de ejercitar fuimos a visitar una piscina pública, para conocer horarios y precios. Hicimos la fila como cualquier otro ciudadano, en espera de llegar a la ventanilla y hacer nuestras consultas. Una vez allí, al cabo de dos preguntas, alguien me grita en el oído mientras le muestra los billetes sudados a la cajera que nos atendía…Me asusto, claro está…¿cuándo has visto que en Chile te griten en el oído si no te has pasado una luz roja o vistes una camiseta del equipo contrario?…Pero claro, supe después, él no me gritaba a mí. El, simplemente, estaba pidiendo ser atendido antes porque el calor y el horario y la piscina y ya sabes tú lo demás…

Para mí fue suficiente. Quise regresar a casa y no pensar en recrearme en aquella piscina. Si el propósito último de nadar era relajarme, ya tenía claro que allí no se podía.

Pero, ¿cómo el hecho que todos hablen fuerte, casi como gritándose, puede afectarte al punto de quebrarte los nervios? Pues te afecta, ahora ya lo sé. Y te irrita y lo único que piensas es en los murmullos chilenos y en qué lindo es cuando alguien habla mal de ti, tan bajito, que tú ni siquiera te das cuenta…

Entonces llegas a extrañar los bocinazos en la capital y las fiestas de los viernes, porque incluso así, en lo que para nosotros es tormenta, aquí sólo es el anuncio del futuro temporal.

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