espejismo en Atacama

de la chilena extraviada

¿A señas? 18 de noviembre de 2007

Filed under: Belgrado — Andrea Amosson, co-owner Angels and Bees @ 10:03 PM

Porque me dijeron que la mejor forma de conocer otra cultura es intentar vivir de los medios locales, llámese locomoción colectiva, telefonía celular, feria libre o vendedor de queso de cabra. De tal forma que cada mañana, para dirigirme a mi escuela de idiomas, abordo el autobus número 37. El único que va desde mi barrio hasta el centro de la ciudad, que en día domingo queda a 20 minutos, qué maravilla, grandiosa ubicación con parques y aire menos contaminado (viví en Santiago por nueve años, tema sensible)…pero nadie me explicó que estoy expulsada del paraíso de lunes a viernes, entre las 7 y las 10.30 de la mañana, que las lindas calles, de lindos semáforos, de lindos policías, se transforman en hileras de hormigas que se topan, se reconocen y demoran una hora en reencontrar el camino. Así de radical y diferente. Hecho que implica salir más temprano de casa, de cama, de sueño. Y para eso no somos buenos, ¿cierto? Así es que vivo la caída lo mejor posible, excepto esta mañana, en que he tenido mala suerte porque, entre los rostros que son familiares, se encuentra una mujer malhumorada que insiste en que yo me mueva…
– Gde? Le preguntó, ¿dónde?, que no hay espacio.- Claro, el español no le hace asunto y a mí moverme, tampoco.
– Ssssss.
El lenguaje corporal es universal, vamos, que si te están empujando en la micro, con cara de carnívoro, eso lo entiende cualquiera. Pero aunque lo desee, señora linda, no hay otro espacio disponible para instalar esta colección de huesos y músculos made in Chile.
Ahora se suman los humores, de todo tipo, porque después de todo me veo yo tan inocente y muevo las manos y abro la boca y digo cosas pero de mí no sale ningún sentido. Veo que no la convenzo.
Eso siempre despierta las simpatías del galán, el simpático que te defiende y tú te dejas querer por 37 segundos, con tal que la mujer ya no te encaje la cartera en la costilla y se pare sobre tus zapatos. Pero cuando se ha vivido entre seis millones de habitantes, se desarrolla inevitablemente una estrategia de supervivencia. Entonces la utilizo.
Y le acerco mi brazo, más bien el codo, a su nariz…
– Pero no, si no es en contra de usted, ¿ve? Sólo quiero sujetarme del fierrito, ¿no ve que el bus está tan lleno?. – La mujer no entiende mi discurso pero baja la guardia.
Infalible. Tanto aquí, capital de tamaño razonable, como en el monstruo santiaguino, este y otros sutiles mensajes dan resultado. Todo, por supuesto, acompañado de una sonrisa.
De defensas silentes estamos bien hechos y superado el incidente, ya pienso seriamente en cambiarme de escuela…

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